¡Qué debilidad! Quiero pasear a solas por la ciudad prohibida y atarme los zapatos con fuego y sangrar a la vista de quienes esperan la reencarnación de los sentidos.
Realmente estoy débil:
desciendo a la opulencia. Nunca veré a mi verdugo ¡Jamás soñaré con el grito!
Avanzo al encuentro de mi urna. Saludo a los enredos y al guardián de una villa
hundida en la primavera. Nada me hace luz; busco a los caníbales que persiguen
a la rosa, con la urgencia de los ejércitos auxiliares enviados por un pueblo
abalanzado a los caminos.
Por la mañana me siento más débil. Regreso al
hierro oxidado; al evangelio apócrifo; a la verdad revelada en la noche; al día
desplegado en la guarida de un diablo de yeso.
Publicado en Efusiones,
diciembre de 2007
Dibujo: Raphael Ramírez

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