lunes, 26 de diciembre de 2016

Ven por aquí

Tú que odias la rutina y el taciturno vuelo de las moscas sobre tu plato de sopa
Ven a mí por este lado del camino y recuerda que la tristeza coincide en tantos puntos con la falta de imaginación
Tú que aún aspiras a cambiar la vida para renunciar de una vez por todas a la vocación humana de escupir a la muerte a fin de seguir viviendo
Ven a golpear mi puerta que yo no ignoraré tu desnudez y te cubriré de misericordia como lo haría cualquier bienaventurado
Tú que perdonas a los insensatos y no recuerdas nunca mis desagradables maneras ni preguntas por qué no distingo una cosa de la otra o por qué son para mí semejantes las formas sencillas y el éxtasis de quienes ven a Dios en un sueño
Pon tus labios sobre los míos porque no tendré descanso hasta que mis fuerzas hayan conquistado la inmortalidad del alma

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Tú, estés donde estés, ora por los aquí presentes. Acércate porque no dudo de ti y si odias cuánto ves a tu alrededor, nadie ni nada te podrá satisfacer. Es cuanto puedo decirte. Apelo a tu ingenio para que no me llames, de buenas a primeras, poeta de mirada extraña y palabras rebuscadas 

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Publicado en Los días de la semana y nuestro pan de cada día, diciembre de 2009, La Paz, Bolivia 
Foto: Raphael Ramírez 

 Vista de la Pérez Velasco, La Paz, Bolivia 

viernes, 16 de diciembre de 2016

1

Porque las palabras vienen a mí como mensajeros sin rostro y salen de mis adentros como dolor que la naturaleza retiene antes de hacerlo nacer en mis vértebras
Porque el ruido machaca mi cabeza y el viento juega con mis dolencias ni bien echo un poco de tierra en mi boca
Porque la llama de una vela es mi jardín suspendido en tu mirada 
La vida pasa y repasa tras de las piernas de un ebrio
Y puede recorrer las calles disfrazada de diablesa
Todo a la vez y a la vez demacrada de pies a cabeza
Grita sin remordimiento al enfermo 
Exigente con su nariz
Asusta a sus amantes
Acaricia sus rodillas alrededor de las 8 
Maldice su condición impenetrable
El primer lunes de cada mes la vida cava un hoyo para verter su sangre convencida de que ha de volver en forma de flor
Así ocurre con frecuencia
Su rostro fatigado tiene el brillo de un globo pinchado
No es mi rostro escondido a la vida
Sueño lo que ha de soñar un muerto en su primera noche
Unos monstruos
Unos corazones resueltos a pasar el tiempo dentro de un vientre podrido
Una escritura ilegible donde la noche y el charco forjan una trompa de elefante
La mandíbula retrocede
Por el cabello
Por el pedacito de piel dispuesta a satisfacer su hambre con el silencio de las paredes
Con el cuerpo de una hormiga reina
Con el beso de los lugares afines
Beso desmembrado
Ningún otro lugar comenzado en la esquina
Todos en cadena
Adentro de una barriga
Cambian de parecer cuando un rostro sin rostro adopta sus identidades 
Sus ojos tienen un amoroso toque maternal y reducen la ciudad y el cielo al diámetro de un pozo ciego
Sus recuerdos nunca fueron tan precisos
Mi dolor entreabre con gusto una ventana privada de misericordia 
Porque nunca la perfección es parte de una exposición de santos de yeso 
Y la ruina se acrecienta en las casas deslizadas una noche de lluvia continua
Porque la envergadura de mi cuerpo supera el derrumbe
Y el almanaque tiene marcado el día en que yo sueldo las paredes de la ciudad
Para alegría del eucalipto
Mi fruto es una bendición resistida
Mi sueño no se deja agarrar por la araña
Besa el pico del colibrí
Y me lleva a donde un pescador atrapa palabras con la boca de un niño

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Publicado en Efusiones, diciembre de 2007, La Paz, Bolivia 

Foto: Tapa modificada de Efusiones 




jueves, 15 de diciembre de 2016

Dicen que las penas florecen sin agua...

Dicen que las penas florecen sin agua 
Altivas solemnes
Opacan los latidos del corazón

Sus voces dan sombra
A la ciudad y el campo
Como helechos muertos 
Cuelgan del nicho abandonado

Dices a mi oído un verso
Y las palabras dejan las rosas 
Arrancadas
Una por una las penas 
Sufren como yo he sufrido

Quedo exhausto
El pan deshecho en el pavimento 
Espero florecer sin agua como la sombra

Paso a paso
Sabes
¡Cuánta falta me haces! 

Mandas tú sobre mi pánico
A donde voy tengo el sueño 
De un adolescente enamorado 
De la luna en horas
Que dicen a mi oído el verso

¡Basta de correr en la noche! 
¡Basta de dibujarme en las paredes
De oler a ropa vieja
Húmedo en las madrugadas de rocío!

La voz de tus palabras pasa
Cuando me envuelvo en la frazada
A donde voy tengo sueño
Voy a dormir sin latidos
Con el corazón vestido en colores de fiesta

A ti van estos versos dichos a mi oído

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Publicado en El tour comilón, diciembre de 2008 

Foto: Portada de El tour comilón 








martes, 13 de diciembre de 2016

La construcción de la esperanza

        Si me preguntaras: ¿para qué poetas en tiempos de miseria? (*), podría molestarme tanto y ya cansado de golpear tu cabeza contra la pared, volvería la mirada hacia mis otros inquisidores para fulminarlos y sepultar sus cuerpos sin extremaunción ni misa de por medio.
        Mas hoy, el sol no se hunde ni las nubes trazan límites. Y por extraño que parezca, no me causan placer ni el gritar ni el destruir. Hoy vivo como dios manda: descalzo y joven.
        El camino cambia de color en ciertas ocasiones. Sobre los cerros, el amor es conmigo. El viento como el silencio habla de la soledad perdida. La música de una banda de rock and roll, los poemas de un grupo de partidarios de la libertad, las imágenes de los santos con sonrisas y parabienes, la comida a lo largo del camino.
       El afán de las aves, el rumor del agua y las iglesias baldías a punto de desaparecer porque la humanidad sale a festejar. Olvido la tradición de vivir para llorar y bailo con un talento inusual.
        El sonido de las guitarras, el cielo en mis manos, la intervención de otros factores benignos, la prolongación de la inspiración, el hallazgo de la inmortalidad, la desaparición del tiempo.
        La compañía de los seres terrestres, acuáticos, aéreos, subterráneos, fantasmagóricos, translúcidos, enigmáticos... soy el invertebrado, el hijo de la hembra del tiburón (**), entonces a plena luz del día provoco el deseo de amar a mi prójimo con la fuerza de Romeo a Julieta y viceversa. Tantas veces resucitado en otros brazos, en otro cuerpo, en otra voz vuelto a la vida una y otra vez en el camino como un espejismo simultáneo a la desesperación.
       La batería de una banda de rock and roll no me recuerda a la nada. La nada ya no existe ni el recuerdo ni la expiración. Soy la reunión de las almas en una obra de arte sin precedentes. Siempre descalzo y joven...

       A pesar del dolor y las miserias
       La vida no se detiene
       Sigue a pesar de las muertes y el llanto
       Y sólo acontecimientos
       Como la explosión de la bomba atómica
       O la voz de Bob Dylan
       Parecen tener el poder suficiente para detenerla


(*) Friedrich Hölderlin.
(**) Conde de Lautréamont.
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Publicado en El tour comilón, diciembre de 2008, La Paz, Bolivia.  


 Copacabana, provincia Manco Cápac, La Paz, Bolivia. 


lunes, 12 de diciembre de 2016

Bendición para mi alma

No imagino el concepto
Sino el mar escarbado en un mar de leche
No imagino los cuerpos
Sino abrigos invisibles y manos sin carne
Sin huesos sin sangre sin arañas ni besos
No imagino la música ni escucho
Pero bailo como si conociera los bailes 
No imagino a un dios bondadoso ni a sus ángeles perfectos
No me perturbaría morir en la inconsciencia y la luz
Alejado de las bendiciones de mis hijos
E ignorado de las oraciones de mis mayores
No me conmueve si alguien me imagina lánguido
O como una mentira dibujada en la acera
Perdido en un círculo de silencios
O debajo de las patas de un perro amaestrado
No imagino los cielos y los infiernos
Ni a jesús y a jehová ni a krisna y a alá considerando mis sueños 
Entreveo a los cuatro a punto de saltar sobre un viajero inadvertido
Sobre un campamento dormido sobre un bosque desmantelado por el hambre
Ni siquiera imagino un piano y su blanco ni su negro ni su verdad ni su mentira
Ni las palabras extraviadas por los cínicos y estoicos

Ni un poder tan grande como el que siento en tus labios

                                                            17 de marzo de 2002 

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Publicado en Complacencias, septiembre de 2002, La Paz, Bolivia. 

Foto: Raphael Ramírez.


Vista del Illimani, La Paz, Bolivia 



sábado, 10 de diciembre de 2016

Casimiro Olañeta

Como un imbécil escuché las promesas de los políticos
Era joven aún y me persignaba con orgullo frente al incrédulo
Y la gente me decía: “cuando seas grande serás una buena persona
Un ciudadano modelo un hijo de bien para alegría de tus padres”
Lamento haber cosido mis pantalones raídos de haberlos lavado
Lamento no haber calzado a diario mis zapatos viejos más seguido
Dejo de lamentarme y ya no me lamento de mis salvajes miradas
Ni de mi huraño sentido de la vida mas concedo a dios el extraño
Don de venir a mi mesa extraño porque escribo como me afeito
Y sin embargo dejo de pensar en la muerte de Casimiro Olañeta
En sus conspiraciones y panfletos en sus discursos patrióticos
En las palabras que dijo desde las tribunas congresales a quienes
Cierran los ojos para no ver una luz agónica un eclipse de luna
Una seguidilla de revoluciones en los moteles bares y fiestas
Sueño con tocar el timbre de tu casa y entrar en tu cuerpo
En el atardecer perpetuo de La Paz romper los cristales
De tus ventanas como un ángel de alas desplegadas a lo largo
Y ancho de tu cama sobre tus labios que reclaman libertad una
Libertad de mediodía en el jardín de la UMSA una libertad
De iglesia venida a menos de capilla en construcción y de piernas
Sumergidas en aguas termales de lágrima salida de tu ojo eterno
De grito de gasolinera en llamas de solo de guitarra eléctrica
De margarita voladora y de ciudad inquieta y de ciudad a cuestas
Y de ciudad levantada de noche y de ciudad poseída por el polvo
Y de polvo dibujado con puño de niño y niña de ambos bajo
Un paraguas que pueda cubrirnos a todos por siempre dentro
De mi cabeza caben también las imágenes de lejanas cárceles
Pablo sal de tu celda y ven conmigo a caminar por la orilla
Dime cómo es la luz que te cegó allá cerca de Damasco y cómo
Es la voz que te habló de mí y de mi necesidad de RESUCITAR
Junto a ti por estas calles frías de primavera en el Alto Perú
Sólo me atrevo a decir tu nombre en la soledad de mi cuarto
En mi pensamiento ni misterios ni tormentas y las crónicas y
Cómo no decir que amo mis poemas por encima de mi tristeza
Bienamada acércate a mí también tú eres mi infancia verdadera
Época de palabras bonitas tiempo sin castigo ni pena ni gloria
Bienamada aquello que nos unió fue incomprensible LO SÉ
Y sin embargo dejo de pensar en la muerte de Casimiro Olañeta
A su alrededor por un extremo y por otro los fantasmas tiritan
A lo lejos caminan Pablo y Bernabé pues en el fondo de la calle
Los jóvenes viajeros devuelven la VIDA a mis sueños de juventud
Y una vez más AQUÍ yo cedo a la tentación de entrar en tu cuerpo

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Publicado en El Tour Comilón, diciembre de 2008, La Paz, Bolivia
Foto: Raphael Ramírez 
Desde la Pérez Velasco, La Paz, Bolivia (rr)